VIDAS IMAGINARIAS
Vidas Imaginarias es la obra maestra de Marcel Schwob. Este escritor francés erudito y humanista, que fue también crítico, periodista y filólogo, suscitó en vida la admiración de Mallarmé, Anatole France, Gide, Bataille y Oscar Wilde. Y ya muerte, la de Jorge Luis Borges.
Mezcla de biografía, arqueología, historia, poesía, estas Vidas Imaginarias encierran en el título la clave de su singularidad literaria. Veintidós personajes, algunos históricos -Clodia, Crates, Pocahontas-, otros casi legendarios -Empédocles, Luciano- o puramente literarios -Sufrah-, ilustres -Petronio, Ucello- o anónimos -Katherine la encajera-, viven en estas páginas del modo en que el genio de Schwob inventó para ellos. Verdaderas joyas en miniatura, cada uno es único y por eso, múltiple: universal. La sencillez aparente del estilo, la ironía piadosa del tono, la sensación de ensueño y fantasmagoría que sobrevuela todo el libro, unidos a la lógica científica y la precisión histórica, prestan a estas páginas el sabor de uno de esos manjares tan exquisitos como escasos, que se prueban una vez en la vida para no olvidarse nunca.

«Como aquel español que por virtud de unos libros llegó a ser Don Quijote, Schwob, antes de ejercer y enriquecer la literatura, fue un maravillado lector. Le tocó en suerte Francia, el más literario de los países. Le tocó en suerte el siglo XIX, que no desmerecía del anterior. De estirpe de rabinos, heredó una tradición oriental que agregó a las occidentales. Siempre fue suyo el ámbito de las profundas bibliotecas. Estudió el griego y tradujo a Luciano de Samosata. Como tantos franceses, profesó el amor de la literatura de Inglaterra.
Sus “Vidas Imaginarias” datan de 1896. Para su escritura inventó un método curioso. Los protagonistas son reales; los hechos pueden ser fabulosos y no pocas veces fantásticos. El sabor peculiar de este volumen está en ese vaivén.
En todas partes del mundo hay devotos de Marcel Schwob que constituyen pequeñas sociedades secretas. No buscó la fama; escribió deliberadamente para los “happy few”, para los menos. Frecuentó los cenáculos simbolistas; fue amigo de Remy de Gourmont y de Paul Claudel.
Hacia 1935 escribí un libro candoroso que se llamaba “Historia Universal de la Infamia”. Una de sus muchas fuetes, no señalada aún por la crítica, fue este libro de Schwob.»
Jorge Luis Borges.
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